¿Dónde están los límites?

“Esto se nos está yendo de las manos”. Escuchó esa frase en su cabeza y pensó que ojalá nadie la hubiera escuchado. ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo se había llegado a esa situación? ¿Y ahora, qué?

Las mamás de nuestros niños se han vuelto locas y han decidido realizar un improvisado tercer tiempo en la cafetería de Puerta de Hierro, mientras sus retoños vuelven locos a los monitores.

Los padres se toman en serio las recomendaciones de los entrenadores y se ponen a leer las leyes del juego del rugby y resulta que les gusta la aplicación interactiva de World Rugby. ¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Dónde están los límites? Hoy, precisamente, va de eso. De límites: las líneas del campo.

Me gusta hacer a mis jugadores, al iniciar la temporada, una pregunta que suele dejarlos desconcertados. A todos, a los noveles y a los veteranos. “¿Quién es el mejor defensor del mundo?”. Muchos enmudecen porque no conocen el nombre de ningún jugador famoso; otros, más osados, responden que “este zaguero” o “aquel flanker” (especialmente ese flanker descerebrado, que todo equipo que se precie debe tener en sus filas). La respuesta tiene truco y, me gusta creer, sentido pedagógico. El mejor defensor del mundo es la línea lateral del campo; esa que nunca, ningún jugador, puede traspasar sin que su equipo pierda la posesión del balón. Volvamos a clase.

Un campo de rugby debe medir entre 94 y 100 metros de largo y, de ancho, entre 68 y 70.

La línea de touch (lateral del campo), la de pelota muerta, la de goal (ensayo), la de mitad del campo y la llamada “de 22” son líneas trazadas de un modo continuo.

  • Línea de 22 metros: Coloquialmente, podríamos decir que marca el inicio de la zona sagrada de cada contendiente. Está situada a 22 metros de cada zona de marca. El equipo defensor siente el peligro cada vez que el rival le hace retroceder dentro de esta zona pero, a la vez, dispone de algún beneficio que facilita la labor defensiva. Entre otras peculiaridades, la defensa puede golpear el balón con el pie y lanzarlo directamente fuera del campo consiguiendo ganar metros y alejar el peligro (en el resto del campo, para obtener el mismo avance, la pelota debe botar antes de salir).

 

 

  • Línea de ensayo. Obviamente es el objetivo y se puede posar el balón desde esa línea hasta la línea de pelota muerta para lograr los 5 puntos que vale un ensayo (goal).

Las líneas discontinuas son las de 5 metros, las de 10 metros y las de 15 metros.

  • Línea de 10 metros: como su propio nombre indica, está a 10 metros de la línea del centro del campo y a ambos lados. En los saques de centro (al principio de cada tiempo y después de la consecución de puntos) el balón debe sobrepasar esta línea para que el juego se inicie.
  • Líneas de 5 metros, paralelas a las de ensayo: marcan, para entendernos, la zona de peligro para los defensores. La reanudación del juego, después de cualquier infracción, se hará, como muy cerca del ensayo, a esos cinco metros.
  • Líneas de 5 metros, paralelas a las de touch: marca, de igual modo, el punto más cercano a esa línea, desde el cual se puede reanudar el juego, después de una infracción. También marca el punto, a partir del cual, se forman los alineamientos de los jugadores en los saques desde la banda (saque de touch).
  • Líneas de 15 metros, paralelas a las líneas de touch: hasta allí pueden posicionarse los alineamientos de los equipos en los saques de touch. También marca el punto desde donde se reanuda el juego, después de algunas infracciones concretas ocurridas entre esa línea y la de fuera de banda (touch).

Por hoy parece suficiente; lo que no resulta suficiente es el asombro que nos causan nuestros pequeñajos. De todos es sabido que el frío y el rugby forman una mezcla que suele dar lugar a jornadas memorables y el sábado pasado fue una de esas para recordar.

Siete fieras se presentaron en los campos del Paraninfo, dispuestas a hacer el trabajo de 14, jugando contra Hortaleza (rojo y negro), Alcorcón y Quijote. Hay una máxima en el rugby que, casi siempre, se cumple: “así como se entrena, así se juega”. Después de un entrenamiento muy serio, el viernes, Lucas, Edu, Jaime, Luke, Sebi, Isra y Jorge salieron al campo a dar guerra.

El partido contra el primer equipo de Hortaleza fue una auténtica maravilla. Con un rival muy serio, nuestros linces jugaron con tal intensidad que dejaron a todos entusiasmados. Incluso el árbitro, a la vista del nivel desplegado por los equipos, advirtió que iba a aplicar con más rigor las reglas básicas (pases adelantados, fuera de juego, líneas,…). A pesar de la igualdad, el empuje de los lagartijas hizo que la posesión del balón fuera mayor y que avanzásemos más.

Alcorcón presenta, como siempre, un equipo muy grande y bien entrenado. La determinación de los nuestros suple esa diferencia de tamaño y el partido es un toma y daca continuado (con más daca que toma) en el cual David vence a Goliath (cuidado con Jaime y Jorge, nuestros jugadores periféricos).

A lo largo de la mañana se nota cómo los jugadores con más experiencia iban tirando del resto. A medida que llegaban los placajes de Sebi, el empuje de Isra y las carreras de Jorge, fueron naciendo los placajes de Luke (notable in extremis, salvando un ensayo) y Lucas, las escapadas de Jaime y Edu.

Llegó el parón, un poco más largo de lo que nos gustaría y, con él, el típico bajón de intensidad, acentuado por el hecho de que Quijote tenía un jugador que placaba hasta a los espectadores. Si Sebi es nuestro placador “en cuanto tengas el balón me vas a tener encima”, el placador alcarreño es “da igual lo que corras, te voy a placar en los tobillos”. Todas nuestras galopadas eran paradas con un certero placaje, en campo abierto, bien abajo. Aún así, la tenacidad de nuestros jugadores hacía que, una y otra vez, levantasen el balón y continuaran avanzando.

Y así llegaron al último partido. Al límite de sus fuerzas, agotados. Cuando parecía que ya no iban a dar más de si, los mayores aguantaron el tipo y los pequeños aceptaron el reto para acabar a lo grande contra el segundo equipo de Hortaleza.

Para terminar, merecidísimo tercer tiempo y a descansar después de una de esas jornadas de rugby que no se olvidan.

Lo mejor: Ya sabemos que el campeonato de España se celebra en Valladolid, el último fin de semana de Mayo y….vamos lanzados.

Lo peor: Desierto.

¡Aúpa San Isi!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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