San Isidro Rugby Club: fieles a la fe de Ellis.

No es difícil, para el creyente, hacer una defensa, encendida siempre, razonada a veces, del credo de su pertenencia. Sin embargo el pudor natural, o la prevención ante el ojo crítico del ajeno, hacen al apologeta deslizar con cuidado su pluma por el papel -virtual- sobre el que vierte su alabanza. Que en este caso es cierta y merecida, como demostraré.

Hace no demasiado declaré que han pasado más de tres lustros desde que entré por vez primera en una melé -solamente he formado un par de veces fuera del lugar donde se detiene el tiempo- y desde entonces he pasado por cuatro clubes y algún equipo más, ya que los universitarios son otra cosa, aunque no ajena a la fe de Ellis.

1997

Al nuestro, que ha sido el último, lo conozco desde 1993 y desde 1995 soy de su partida, así que algunas cosas puedo decir sobre el particular. Sabía ya de ilustres que se habían unido al equipo de la zamarra arlequinada, la del azul del cielo y el bermellón de la sangre. Ilustres rugbistas, concepto que no tiene siempre que ver con los laureles deportivos, que en lo nuestro trasciende tal contingencia. Venían unos de clubes humildes y otros de clubes con solera, pero en todos aquellos de quienes tenía referencia había alta calidad rugbística y claro juicio. Así que sabía de los fundamentos del club, cuidadosa y deliberadamente cultivados -con altibajos, como es el natural devenir de las cosas- por los fundadores, responsables de una impronta indeleble y guía para los sucesivos prohombres del club. Por no olvidar a nadie a nadie mencionaré, que ellos ya se dan por aludidos. Pero lo importante no son los nombres, sino el bagaje que traían y el acervo que dejan, que es el más fiel que conozco sobre la piel de toro -la hipérbole- a los mandamientos del revoltoso que tomó el balón con las manos, con el desdén que predica la marmórea losa, para fundar el noble deporte del rugby.

Un cúmulo de paradojas, porque es arriesgado decir que William Webb Ellis creara el rugby (la codificación de las reglas, para unificar las múltiples variantes conocidas a mediados del s. XIX es muy posterior a 1823, fecha de acontecimiento) y porque es sorprendente que un club mesetario, parido por un argentino de Rosario y una cuadrilla de acólitos de diversa procedencia, observe con tanto rigor las generales de la ley, a saber: amistad, esfuerzo, entusiasmo y perseverancia y eso que ha hecho grandes y duraderas a las sociedades desde que los romanos formularan su idea de la política, muy presente, por cierto, entre la clase dirigente británica que forjó su carácter entre palos y palos: la suma de las capacidades de todos. En varios idiomas, añadiré, lo que si no es infrecuente en algunos clubes de postín, en San Isidro ha sido nota destacada desde su fundación, así que hemos disfrutado de la notable la diversidad de acentos del español de este y del otro lado del mar, o del inglés de ambas islas, o el francés, más bien del sur, por no hablar de otros idiomas que no voy a detallar.

Y la diversión, claro, el aspecto lúdico ineludible, el que, desinformados, buscan algunos en primera instancia para encontrar luego, sorprendidos, ese entramado de relaciones personales que llevan al jugador de San Isidro a vivir una porción no menor de su vida cerca del club y de sus gentes, y no hablo solamente de terceros tiempos, va de suyo.

Para la redacción de la historia del club quedan las gestas y las giras; las juntas y la relación de Presidentes; las clasificaciones y las anécdotas; wanky y (con cariño) las cosas de Pernas; la entrega de los técnicos, las alabanzas y las reprimendas; las trovas musicadas y los villancicos overhundred; las clasificaciones y los ascensos y descensos; quedan, digo, para otra ocasión, porque lo que hay que destacar ahora es el fruto que se recoge cuando se ha mimado y cuidado la siembra.

Por eso este año los entusiastas han podido celebrar el futuro que llega y que asegura que ese proyecto de club que corría arriba y abajo del Retiro no hace tanto, disponga hoy de una camada de lagartijas dispuestas a asegurarlo. Bienvenidos y enhorabuena y gracias a los promotores, gracias al Club, que desde ahora ya lo es con mayúsculas.

Primera colaboración de José Alberto Molina, insigne socio y jugador del San Isidro y escritor de y para el rugby, puedes leer su interesante prosa sobre el oval en http://tornarugby.blogspot.com.es/. Altamente recomendable.

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6 Comentarios

  1. ISMAEL
    Escrito el 25 abril, 2013 a las 0:03 | Enlace permanente

    COJONES!!!!!!!!!

  2. kike de la pisa
    Escrito el 25 abril, 2013 a las 8:31 | Enlace permanente

    Ole!!!!!!!

  3. Kike Podesta
    Escrito el 25 abril, 2013 a las 10:14 | Enlace permanente

    GRANDE!! VAMOS SANISI!!!!

  4. chiquirf
    Escrito el 25 abril, 2013 a las 16:56 | Enlace permanente

    CURRO, en estas palabras se refleja tu dedicación al club, sin la cual no hubiéramos llegado hasta donde estamos…
    GRACIAS PRESI!!!!!

    • Curro
      Escrito el 26 abril, 2013 a las 7:41 | Enlace permanente

      No, es labor de cientos de personas que han pasado por este Club en los más de 20 años de vida.

  5. Amacanan
    Escrito el 25 abril, 2013 a las 17:54 | Enlace permanente

    Espero que esto lo lea algún iluminado del rugby madrileño que escribe crónicas sin haber tocado un oval en su vida.

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